Nubes que eran ritmo, canto
sin final y sin comienzo,
campanas de espumas pálidas
volteando su secreto,

Esta elegante estrofa del poema «Las Nubes» de José Hierro, nos recuerda como Cristina, Pablo, Alex, Mark, Amaia, Iván, Nina, Agueda, Iñigo, Carlos, Jesús, Regina, María, Ana, Clara, Lidia, Alba, Guillermo, Marta, Eduardo, Sjoeder, Timon, Moraima e Iñigo, disfrutaron de la indescriptible paleta de colores del Cantábrico.

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